Nuevas luces (CUENTO)

Me sostengo de la puerta del oscuro armario mientras un vestido cubre mi inadecuado cuerpo, es rosado como los pétalos de un cerezo, bellos fragmentos de belleza empujados por el silencioso e infalible viento hacia el abismo de la noche, con la luna como su única guía.

La rosada tela debería quemarme, debería hacer humear cada célula de mi piel, que a momentos se siente como la de otro ser humano que, alguna vez en el pasado, se sintió cómodo usando mi difusa identidad.

Algo en lo más profundo del remolino que es mi mente debería estar relampagueando con una potencia sin rival en respuesta al mar de seda que ahora mismo me rescata de enfrentar al frío, donde se refugia la duda.

Mis andares por el sendero de la vida me educaron para sentir un disgusto casi instintivo de estas nuevas sensaciones, uno asociado a una difuso y nebuloso códice que instruye caminar en una dirección que siempre encontré alienígena.

Lo que sucede, sin embargo, es distinto.

En una epifanía que deseo nunca termine, me siento centrado, pues las partículas de luz, avatares de la claridad misma, ángeles resguardando el concepto de la verdad, se reúnen en mi pecho, por encima del blanco moño del vestido y forma una galaxia, una espiral de posibilidades, una rueda de estrellas del infinito. La tomo entre mis manos y sonrío débilmente.

Nunca había visto algo tan sagrado.

No se si los cuerpos celestes pueden tener emociones, pero en este momento me inclino a creer que tales invenciones de mi revitalizada mente pueden estar danzando en el terreno de lo factible.

Súbitamente, ya no siento el mismo frío.

Se mi propio nombre.

Miro hacia el exterior, más allá del círculo luminoso que aquella galaxia emite para protegerme. Allí mora lo desconocido, puedo ver, entre la bruma, brazos y bocas monstruosas agitándose en mi dirección.

Están hechos de una materia oscura y se ríen, juzgan. Están compuestos de la misma esencia que un agujero negro.

Quieren tomar mi semilla de luz, anhelan sumergir mi nuevo fulgor en las tinieblas.

Quieren rebobinar mi renacimiento.

Quieren que olvide mi nombre de nuevo.

Aún así, sé que quedarme aquí no tiene caso, me levanto de la fría piedra del suelo lleno de polvo y comienzo a avanzar, lentamente. Agarro las faldas del vestido y la luz de la galaxia se extiende un poco más mientras vuelve a abrazar mi pecho y se hunde en este.

Ahora somos una, ahora yo emito la luz.

Mientras doy mis primeros pasos, quiero creer que esas luces parpadeando y moviéndose en la bruma, allá en la distancia, son más que simples luciérnagas

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