Nuestra vida feliz (CUENTO)

20/7/2010

Elise estaba feliz, sus padres le habían cocinado su comida favorita, como todos los días. Miró los huevos y papas fritas con una expresión de asombro, como todos los días, y comió de a poco para saborearla lo más posible, como todos los días. Eventualmente comenzó a comer más y más rápido porque le costaba esperar al siguiente bocado. Papá y mamá rieron al ver a su pequeña hija manchandose con la yema de los huevos fritos. Mamá la limpió con dulzura, seguía sonriendo.

—¿Te gustó, Elise?—preguntó mamá.

—¡Sí, muchas gracias!

—La señorita Elfi nos contó que estabas sacando muy buenas notas en tus tareas y queríamos darte un gusto.—comentó papá tomándola de la mano.— Tu madre quería algo más sano, pero a veces el alma necesita sus fritos.

—Lo intenté, pero tu padre siempre gana con sus encantos.—dijo riendo y guiñandole un ojo a papá y lo besó rápidamente.

Papá y mamá estaban felices, siempre lo estuvieron, Elise estaba convencida de que nada los separaría. Hacían todo juntos, trabajaban en el mismo lugar, hacían en equipo las tareas del hogar mientras ella veía los dibujos animados. De noche tenían una vida sexual bastante sana, y Elise sabía que un hermanito vendría, y le dejarían ponerle nombre, se lo prometieron, mamá y papá cumplían todas sus promesas. Siempre lo hacían con una sonrisa, siempre sonreían. Como todos los días, como debía ser.

Elise, por supuesto, se ofrecía para ayudar, pero ellos rechazaban la propuesta, diciendo que guarde su energía para las clases de la señorita Elfi. No es que la niña desafiara mucho el rechazo, así que volvía a sus actividades comunes, y generalmente la señorita Elfi estaba allí con alguna tarea lista al poco tiempo.

Como todos los días, como siempre lo fue.

Elise solo podía recordar una excepción donde sus padres rompían sus actitudes alegres, y era cuando el tema de Jake surgía. Jake, el hijo rebelde, el desacatado, el que les llevaba la contraria en todo. Papá decía que era ofensivo que Elise llamara a un ser tan detestable “su hermano”, mamá en cambio rompía en lágrimas, pero aclaraba que no era de extrañarlo, si no de la desgracia misma de haber producido alguien así de su útero. Elise intentaba nunca mencionarlo por tal razón, y tampoco le tenía mucha simpatía. A veces lo veía, veía su auto enfrente, su auto rojo destartalado. En ocasiones se bajaba y miraba de lejos, cubriéndose sutilmente con las plantaciones de trigo. La niña quería correr hacia él, en una mezcla de ganas de abrazarlo y de golpearlo repetidamente por todo lo que pasó.


En todos los casos, su tutora de historia, la señorita Elfi, la detenía y la calmaba negando con la cabeza. La señorita Elfi le enseñó muchas cosas, principalmente las que se daban en la escuela a la que Elise solía ir. Sus padres decidieron que pasaría el quinto grado en casa. La señorita Elfi era su confidente y siempre hablaban de sueños y de historias cuando no estaban en clase. Era una mujer joven y bonita, de unos veinte años, con largo cabello negro y enigmáticos ojos color ámbar, como los de Elise.

Ella siempre decía que ver a Jake no era lo mejor y que ciertas personas debían quedar atrás, especialmente él después de lo que hizo. También comentaba que milagros como la felicidad que ocurría en aquella casa no debían ser manchados por alguien perdido como él. Elise, en el fondo, quería verlo a pesar de sus sentimientos mixtos. Elfi siempre lograba distraerla, por fortuna y le seguía enseñando sobre milagros.

—Son ideas.—le dijo una vez.—piensalo como ideas que se hacen sólidas, esos son milagros.

—¿Ideas? ¿Como cuando se te ocurre algo ingenioso?—preguntó Elise.

—Algo así, se les llama milagros porque se hacen realidad.

—¿Y si la idea es algo malo?

—¿Algo malo?

—Causarle daño a alguien.

—Lo que tienes que saber es que no todos tienen la misma definición de milagros, no hay bien o mal, solo ideas que todos tienen el potencial de solidificarse, algunas más que otras, claro está. Al final del día lo importante es cumplir los sueños, aunque varios de esos sueños puedan ser dañinos.

—Ya veo...—dijo pensativa.

—También es importante mantenerte feliz como lo haces ahora, y lo haces manera excelente, debo decir.—añadió sonriendo.

—¿Crees que Jake es feliz?—preguntó súbitamente, casi interrumpiendo a Elfi.

—...No lo sé, puede que si, no quiero negarlo. Pero él no te hizo parte de su felicidad, no se porque lo quieres tan cerca, yo no lo querría.

—Tiene que ver la nueva casa, tiene que ver los milagros.—dijo melancólicamente, mirando a la plantación de trigo afuera

—Si realmente te quiere, él vendrá, no se si a tus padres les guste, de todas formas.—recalcó apilando unas hojas de ejercicios.—¿No que también estabas enojada con él?

—¡Lo estoy!—exclamó.—¡Se fue sin despedirse!...Pero a la vez todos merecen un perdón, al menos una vez.

—Supongo que eso es cierto, pero lo mejor es no pasarse con ese concepto.

—¿A qué te refieres?

—La gente que perdona mucho es de repetir sus errores una y otra vez. No quiero que te vuelvas alguien así.—comentó la profesora.

—¡No le perdonaría a Jake lo que hizo si lo hiciera una segunda vez!

—...Tienes mucho que aprender, Elise.—señaló Elfi riendo.

—Profesora.—dijo la niña luego de una pequeña pausa.

—Diga, alumna.

—…¿Podría traer de nuevo a Jake con un milagro...cree que podría?

—Hablar de ese chico me amarga.—dijo levantándose rápidamente, sin responder la pregunta.—Quiero mostrarte algo que encontré en la plantación de trigo...¿Quieres venir?

—Ah, seguro, lo siento.

A Elise sus padres le habían enseñado que no se debía insistir con un tema que no se deseaba hablar.

—No te preocupes.—dijo con una sonrisa mientras atravesaban el umbral de la puerta.

Las plantaciones de trigo se extendían por varias hectáreas y le daban un revestimiento dorado a la residencia de Elise en el campo, esta coloración tan hermosa solo era interrumpida por varios caminos verdes para facilitar la circulación y recoger el valioso trigo que sus padres plantaban con tanto cuidado. La pequeña caminó con precaución para no dañar las plantas, pues algunas se inclinaban en dirección al verde pasto y era fácil derribarlas sin querer al pasar de manera imprudente y apurada. Elfi estaba algo adelantada, pero no lo suficiente como para perderse en aquel espigado laberinto de oro. Dieron unas cuantas vueltas, pues Elfi no recordaba bien el camino, pero eventualmente avanzó con más y más seguridad hasta que luego de unos cuantos minutos encontraron lo que la profesora buscaba.

—Vaya…

Un grupo de mariposas de colores revoloteaba encima de una caja de madera en bastante buen estado, o más bien, un cofre improvisado. A veces se paraban en la madera, pero normalmente volaban de manera coordinada formando extrañas figuras. Elfi se agachó y señaló sin decir nada a la cerradura de la caja, la cual estaba rota y algo de su contenido podía apreciarse, pues estaba entreabierta. Elise no sabía qué hacía eso ahí, pero su curiosidad le ganaba.

—¿Puedo abrirla?

—Claro, por algo te traje.

—¿Qué hay dentro?

—No tengo idea, no la abrí, quería compartir la sorpresa contigo.—señaló Elfi, que se caracterizaba por ser bastante honesta.

—E-Está bien.

Elise abrió el cofre con cuidado y extrajo su contenido lentamente, Elfi se acercó algo más con curiosidad. Las mariposas volaron elegantemente hacia a el horizonte cuando la niña finalmente descubrió varias bolsitas con semillas de flores. Los ojos de la docente brillaron de alegría al verlo y le pidió con prisa a Elise que le pasara un par de bolsas. La niña no le discutió y le entregó las dos primeras de la pila. Su profesora reconoció instantáneamente sus bellas especies:

—¡Lirios y rosas! ¡Es increíble!

—S-sí, pero…¿Quién pudo haber dejado esto aquí?

—No lo sé, no lo sé, pero no soy quien para negar este regalo.—Elfi hablaba con un enorme entusiasmo que no era característico de ella, solía sonreir bastante, pero siempre lo hacía desde una postura digna y adecuada, una que no llamaba mucho la atención.

—No imaginé que le gustaran tanto las flores, profesora.

—Me encantan, en casa tengo un montón, casi podrías decir que las colecciono.—afirmó con extrema felicidad.

—Ya veo…

—Podríamos armar un jardín bajo tu ventana y todo.

—¿Crees que a mamá le guste?—preguntó Elise algo insegura.

—¡Por supuesto! ¿A qué mujer adulta no le gustan las flores?

—...Buen punto, supongo.—miró hacia los lados con nerviosismo.—¿Está segura de que esto está bien, profesora? No creo que esto sea nuestro.

—Piensalo como un milagro.

—Está bien...

A Elise también le gustaban las flores, pero debía admitir que no podía comprender el ataque de felicidad de su maestra. Así que simplemente le alcanzó el resto de las bolsas mientras miraba que más había en el pequeño cofre. Palpó dos cosas con su mano, una era una pequeña bellota y la otra…

—Profesora, encontré algo más.

Elfi le alcanzó la bellota a su maestra, y sacó con dificultad el otro objeto. Estaba recubierto de polvo y algo de tierra, pero ambas pudieron identificarlo. Era un cuaderno, un cuaderno forrado de rosado. La expresión de Elfi se endureció al ver el color, y Elise leyó el nombre en voz alta:

—“De Mary Huntington.”

Sus pupilas se contrajeron y sintió un pequeño temblor a su alrededor. Algo estaba mal en su más pura forma. Elfi dejó caer las semillas y la bellota al suelo y le dió un potente golpe en la mano a su alumna para que soltara el cuaderno, quien volvió a la realidad. Elfi recogió el cuaderno, dispuesto a romperlo. Su expresión era una total contraparte de su felicidad ante las flores. Elise sintió miedo, algo andaba mal, algo no encajaba. El nombre que leyó seguía retumbando en su cabeza. El dolor en su mano creció un poco, su profesora le había pegado fuerte.

Elfi jamás le había levantado la mano ni la voz nunca.

—¡No puedo creerlo, parece una mala broma! ¡Ya hablamos de esto!

—Profesora, no entiendo, yo….—trató de responder al borde de las lágrimas, realmente no entendía lo que sucedía. Pero muy detrás, en su conciencia, sentía que de alguna manera debía entenderlo.

—Elise, voy a confiscar esto.

—…¿Por qué?

—No es tu asunto.—dijo de manera seca.

Elfi siempre le respondía sus preguntas, siempre.

—...¿Quién es Mary Huntington?—se atrevió a preguntar.

—¡No insistas, te dije!—le gritó.

Un disparo se oyó a lo lejos. Venía de la casa. Luego se oyó otro. Elise salió instantáneamente a correr, sus padres estaban en la casa. Otro disparo, escuchó gritos y el sonido de vidrios rompiéndose. Su padre había exclamado algo ininteligible, y mientras más se acercaba, los juramentos aumentaban más y más y se distinguía más una discusión. Eran tiros de un arma de alto calibre

—¡Detente, Elise!—le gritó Elfi mientras la perseguía. La niña era increíblemente rápida y atravesaba los parches de trigo como si nada. Elise no quería escucharla, y eso era suficiente para que fuera imposible para Elfi alcanzarla. Era como una extraña ley. La maestra, de todas formas no se detuvo, incluso sabiendo que sería inútil.

Elise pudo ver la figura de alguien en la puerta entrando, era alto y castaño. La niña corrió, aterrorizada hacia la puerta del comedor y vio a sus padres arrinconados. Mamá estaba tirada llorando en el suelo, ensangrentada, papá, con algo más de valentía, se enfrentaba al atacante tratando de protegerla. El asesino miró hacia la puerta abriéndose con violencia. Elise retrocedió con horror al darse cuenta quien era y sintió todo temblar de nuevo.

—¡J-Jake...!—dijo Elise, sobresaltada.

—¡Elise, corre, quiere matarnos!—exclamó su padre, sosteniéndose del brazo. Una mancha roja se extendía por la parte derecha de su camisa.

—N-No es cierto…

—Lo es.—dijo el muchacho secamente, y dirigió su vista hacia sus padres.—Pero no voy a tocar a Elise.

Jake llevaba un abrigo pardo por encima de una túnica blanca. Sus ojos, detrás de un par de gafas circulares, tenían una expresión vacía y parecía sonreír ligeramente al ver a sus dos padres en un estado tan debilitado y vulnerable. Elise pudo percibir una extraña aura de retribución por la manera en la que apuntaba su revólver hacia su propio padre, quien no tenía miedo de expresar su descontento:

—¡Eres un bastardo, te fuiste por el peor camino, yo no te crié así…!—gritó papá entre dientes, intentando tomarlo del cuello de la camisa.

—Tú no me criaste, no te atrevas a tomar la posición de mi padre de nuevo, y menos el de Elise, impostor.—Jake empujó a aquel que se llamaba su padre contra su sufriente madre.

Elise sufrió una potente jaqueca y la imagen de sus padres comenzó a hacerse difusa. Mamá lloraba desconsoladamente, sosteniendo su baleada pierna, incapaz de reaccionar activamente a lo que sucedía. La voz de papá al levantarse se sentía distorsionada y algunas palabras se habían cortado.

—...Por favor, no...—dijo Elise aturdida.

Su padre la ignoró, gritó y cargó contra Jake furiosamente. La marca de bala de su padre parecía haberse borrado, como si se hubiera regenerado y curado la herida. Se oyó un disparo y papá cayó con un agujero quemado en su pecho. Jake había atinado perfectamente con su revolver, no sabía donde. Papá cayó al suelo, pero no muerto, tenía convulsiones.

—Debiste haberte quedado muerto.—Jake pateó el “cadáver” con fuerza. Lo único que logró fue que tuviera convulsiones de aún más  intensidad.—Estas copias asquerosas son demasiado resistentes.

Mamá se desmayó y Elise se acercó furiosa, con lágrimas saliendo de sus ojos, que al Jake verlos, dio un pequeño paso atrás. La niña nunca había sentido tanto odio en su vida. El cadáver de su padre yacía en el suelo, aun convulsionando, pero ahora tenía otras heridas y estaba verdoso y mojado. No tenía miedo, por alguna razón sus otros sentimientos superaban por mucho el terror que le generaba un ser querido con un arma apuntàndole a otro ser querido.

—¡Y tu no debiste volver, todo estaba perfecto!

—Tu me obligaste y sabes que lo intenté por las buenas, muchas veces, pero no quisiste ser salvada de todo esto. Todo este teatro.—señaló con desdén.

—¡Es un milagro, Elfi lo dijo, los milagros ocurren!

—Milagros, no me tires esa mierda. Este lugar es una casa de locos. Míralos, esos no son papá y mamá, nunca fueron así de felices. Estarían peleando ahora mismo por tonterías y lo sabes, estaban peleando en el momento en que murieron.

—...Pero volvieron, volvieron y tenías que hacer esto….—dijo la niña apretando los puños. Mamá comenzó a convulsionar en su inconsciencia y papá gimió mientras se agarraba del pie de Jake. El joven pateó indiferentemente y el sonido de huesos rompiéndose resonó en el cuarto.

—No pude sacarte amablemente, creeme que lo intenté, por años.

—¿Años? ¡Tu nunca viniste! ¡Ha pasado un año y nunca viniste!

—¿Un solo año? Te estás engañando peor de lo que pensaba.

—...¿Qué?

—Años han pasado desde que decidiste encerrarte en esta casa, miles de veces he intentado sacarte, pero siempre era lo mismo.

—No es cierto......—los ojos de Elise cambiaron de su típico ámbar a un naranja fogoso, y papá y mamá se levantaron lentamente. Miró a su cuerpo, se sentía como una niña de once, tenía la altura de una. Pero súbitamente no, podía ver como el suelo se acercaba y alejaba. Papá y mamá cayeron de nuevo y las grietas de años de descuido comenzaron a llenar la pared, destruyendo la armonía del color salmón.

—Veo que hice una buena impresión en ti...ahora dime…¿En qué año estamos?.

—Dos mil diez.

—Como pensé, no tienes idea del paso del tiempo...

Elise lo miró con un desprecio absolutamente intimidante, una expresión que una niña de su edad jamás debería tener. Sus iris estaban encendidas en el más brillante naranjaque Jake había visto. Jake no era psíquico, pero podía sentir la presencia de algo superponiéndose con ella, como si su presencia en esa casa se hubiese duplicado. Jake esperaba una reacción así.

—No puedes hacerme esto...

—Soy tu hermano mayor, mi labor es cuidarte y es lo que estoy haciendo.

—No me importa, ahora mismo no eres nada para mí...Tú casi mataste a mamá y papá con tus tonterías…¡Nos abandonaste!—exclamó.

Las grietas de la pared se borraron rápidamente y el magistral color salmón que Elise tanto amaba volvió a su inmaculado estado.

—Sí, tendría que haber hecho algo mejor que escapar, haber defendido mi vocación, pero no los maté, no fue culpa de nadie, ni siquiera del tren que los arrolló cuando fueron a buscarme.

—¡Si no lo hubieras hecho en primer lugar, jamás hubiese pasado, hubiésemos vivido los dos felices con papá y mamá!

Un bizarro efecto de distorsión ocurrió en el espacio alrededor de la mesa y súbitamente mamá y papá hablaban con tranquilidad y felicidad, ignorando la acalorada discusión de sus “hijos”. Fue como si todo se hubiese rebobinado. Jake miró con desdén lo que él veía como imitaciones baratas a inexactas de dos personas miserables, pero decidió no gastar más balas.

—”Felices”, deja de engañarte, te tuvieron con la esperanza de que no saliera como yo, quizá tú lo eras, pero yo no, es más, creo que me hubiesen echado de casa tarde o temprano si me hubiese quedado a aguantar su abuso...

—¡Y te fuiste, te fuiste a perseguir tus sueños, dejándonos atrás! ¡Está bien! ¡¿PERO COMO ESO TE DA DERECHO A INTERRUMPIR MI FELICIDAD!?

Una enorme cicatriz rasgó el pecho de Jake, desgarrado y manchado de sangre a la niña y a papá y mamá que no repararon. Jake simplemente sonrió y avanzó, tapando la mortal rajadura con la mano.

—...Quizá sí, quizá esté interrumpiendo tu felicidad, quizá esté haciendo algo maligno desde tu perspectiva...—Jake tosió sangre.—Pero quería que vieras el mundo afuera, que salieras de esta casa del terror. Este lugar y sus energías raras que reaccionan a tu enorme talento...Un despertar….Elise...tienes que...detener esto....Todo se repite...

Jake intentó extender su mano, pero Elise frunció el ceño y una fuerza misteriosa lo lanzó contra la puerta.

—No quiero oír nada más de tí, vas a desaparecer.

—Te estás destruyendo a ti misma….

—¡No, tu me destruiste!

—No, no, lo hice. Elise, llevas repitiendo lo mismo desde hace tiempo, la misma jornada estúpidamente idealizada y feliz. No se por que demonios sucede...Es como si esta casa estuviera...separada...—Jake tosió.—No te queda mucho...

El pecho de Jake recibió otra cicatriz, interrumpiendo su discurso y formando una cerrada cruz de sangre. Jake escupió líquido rojo e intentó incorporarse de nuevo para caer estúpidamente, sentado y completamente moribundo. Intentó sonreír, pero el ardiente dolor solo le dejó escapar una mueca débil y un gemido.

—Callate…

—Papá y mamá...no eran felices...no hay trigo afuera…

—¡Callate!

—El cuaderno…—gimió.

Todo tembló en la visión de Elise. Sus iris ahora parecían compuestas de furiosas llamas y las paredes alternaban entre un gris sucio y el perfecto color salmón cotidiano. Jake parecía aparecer y desvanecerse con un extraño efecto de distorsión. Algo difuso lo sustituyó por unos segundos, pero Elise no podía distinguirlo.

—Al final...me lo agradecerás….—dijeron dos voces a la vez, una era la de Jake, y otra era algo más aguda y temblorosa

Elise gritó, gritó lo más fuerte que pudo. Todo tembló de nuevo y Elfi entró por la puerta, al fin podía alcanzar a Elise, que se agarraba en alaridos de los cabellos rubios mientras lloraba.
Afuera era medianoche, y todos fueron a dormir. El comedor estaba limpio. Solo quedó la señorita Elfi cuando apagaron la luz, con la cabeza gacha.


20/7/2010

Elise estaba feliz, sus padres le habían cocinado su comida favorita, omelette con papas al horno. Los miró con una expresión de feliz asombro y comió de a poco para saborearla lo más posible.

Papá y mamá estaban felices, Elise estaba convencida de que nada los separaría. Hacían todo juntos, trabajaban en lugares distintos, pero se mantenían siempre en contacto, hacían en equipo las tareas del hogar mientras ella veía las noticias. De noche tenían una vida sexual bastante sana, y Elise sabía que una hermana vendría, y le dejarían ponerle nombre, se lo prometieron. Lo hicieron con una sonrisa.

Jake estaba allí, había venido de visita. Luego de entrar a la facultad de ingeniería había conseguido un apartamento con un amigo. Estaba radiante de felicidad, pues había pasado su último exámen del año con una nota casi perfecta. Papá y él hablaban con entusiasmo de varios temas de ingeniero que Elise no entendía, pero realmente apreciaba la presencia de su hermano. No lo había visto tan feliz en mucho tiempo. Estaba comiendo lo mismo que Elise (ambos tenían la misma comida favorita) y tenía mucho cuidado de no manchar su blanca camisa, pues era la del trabajo. Jake había conseguido empleo en una empresa de informática bastante rápido.

—Bueno, no me contaste nada de como te va con las clases, Elise.—le preguntó Jake a su hermana menor.

—Ah, bien.—respondió nerviosa, se sentía intimidada por alguna razón.—Hoy tengo matemática con la señorita Elfi.

—Vaya, esfuérzate, papá valora mucho esa materia.

—Ningún hijo mío será malo con los números.—dijo mientras preparaba su café.—Jake salió así de bien porque se dio cuenta que poner más foco de lo normal en otras materias no tiene mucho sentido.

—Y pensar que quería estudiar medicina en un momento, menos mal que papá me hizo entrar en razón rápidamente.—comentó Jake alcanzándole su tasa.—Cuando entres a la facultad, no dudes en pedirme ayuda, Elise.

Jake le revolvió dulcemente el cabello rubio a su hermana.

—Lo haré, lo haré, solo que no se si sea capaz de pasar los exámenes.

—¡Tonterías!—dijo su padre.—Ninguno de mis descendientes fracasará en ingeniería. Confìo en tu potencial, Elise.

Jake dejó escapar una risa y luego dijo:

—Supongo que no habrá que decepcionarlo.

—¡No lo haré!—dijo con ansiedad y sacando la mejor sonrisa que podía.—¡Seré la mejor ingeniera!
—¡Pues tendrás que derrotarme, pues yo lo soy!—exclamó Jake con un tono exagerado de villano y apretó sus brazos pretendiendo que tenía músculos.

—¡Soy Elise, la invencible!

Todos rieron ante el fingido diálogo de héroe y villano que tenían Jake y Elise. Todos estaban felices, y Elise había extrañado bastante a su hermano, hacía meses que no lo veía. Cuando terminaron de comer, la niña se separó de sus padres y hermano para ir a su clase con Elfi.

La señorita Elfi le enseñaba muchas cosas, principalmente las que se daban en la escuela a la que Elise solía ir. Sus padres decidieron que pasaría el quinto grado en casa. La señorita Elfi era su confidente y siempre hablaban de sueños y de historias cuando no estaban en clase. Era una mujer joven y bonita, de unos veinte años, con largo cabello negro y enigmáticos ojos color ambar.

La señorita Elfi estaba sentada a su lado corrigiendo la tarea del día anterior con una expresión pensativa.

—Elise, pusiste mal la fecha.—dijo finalmente.

—¿Eh?

—Pusiste que es el veintiuno de julio, es el veinte.

—Oh, lo siento...creo que estaba dormida.

—No hay problema.—dijo Elfi, pero no con su afable expresión, sino con una de ligera preocupación. Decidió cambiar el tema al verla algo consternada.—¿Tuviste algún sueño interesante?

—Bueno, sí, soñé con Jake de nuevo.

—Oh, Jake, qué novedad.—dijo Elfi con un dejo de sarcasmo.—¿Y qué hacía Jake?

—Era un doctor, creo, y papá no estaba feliz al respecto. Así que peleaban, no recuerdo mucho, solo recuerdo que Jake no parecía feliz, estaba enojado y triste.

—Bastante diferente al real, debo decir.

—...¿Algún día seré tan buena como él?

—¿Tan buena?

—Una ingeniera tan buena como lo es él.

—Puedes ser lo que quieras ser, Elise.—le dijo Elfi tomando su mano.—Especialmente con tu talento, tu más que nadie puedes ser feliz, incluso más que Jake.

—…¿Eso está bien?—preguntó la niña con inseguridad.

—Creo que ser feliz es algo considerado bastante bueno.—dijo con una risa.

—No, no, no eso, hablo de buscar ser feliz compitiendo con la felicidad de otro.

La expresión de Elfi cambió a una de contrariedad. Al parecer la pregunta de su alumna había golpeado un punto débil.

—Creo que lo importante es apuntar a ser feliz mientras no molestes a nadie, que quieras competir con el otro es algo que no me parece ni bueno ni malo. Diría que es normal y todo. Van a haber personas en este mundo que quizá no quieras ver felices, es algo moralmente cuestionable, pero es natural.—explicó tratando racionalizarlo lo mejor que pudo.—Si quieres que lo cambie un poco, podría decirte que puedes llegar a ser tan feliz como él.

—...Está bien.

—¿Recuerdas algo más del sueño?

—Un cuaderno.—dijo al instante.

—...¿Un cuaderno?

—Sí, escribía allí.

—Quizá era tu cuaderno de clase.

—Quizá…

—Es normal soñar sobre cosas que hacemos en la realidad, ya te lo he dicho.

—Lo sé, lo sé…

—¿Algo más?—preguntó de manera cortante.

—No lo se, si hubo algo más, no me acuerdo.

—Ya, entiendo.—dijo con consternación.

Elise sentía que Elfi había esperado una respuesta definida y Elise no se la había dado.
Vio que la expresión de la profesora no mejoraba así que decidió cambiar el tema:

—¿Cómo está mi tarea? Me cuestan un poco ciertas cuentas.—preguntó la niña algo avergonzada.

—Está bastante bien, algunos errores de distracción que pudiste haber evitado, pero dentro de todo yo te aprobaría, tienes el concepto bien.—dijo Elfi con una sonrisa tranquila, y luego dejó las hojas reposar en la mesa, con un “ocho” escrito elegantemente.—¿Quieres que te muestre algo afuera?

—¿Qué cosa? ¿Encontraste algo en la plantación de trigo?—dijo rápidamente como un reflejo. Sintió un ligero destello grisáceo en su visión y se rascó los ojos un poco.

—¿Que plantacion de trigo?—preguntó preocupada.

—...Perdón, no sé lo que dije—se disculpó sintiendo un ligero mareo, miró ligeramente hacia afuera y vio el jardín de hermosas flores extenderse lo que parecía ser infinitamente. No había trigo, nunca hubo y Elise estaba segura de que nunca habría.

—¿Quieres recostarte?

—No, estoy bien. Quiero ver que encontraste.

Elfi la guió hacia afuera y la vista del hermoso de jardín de flores llenó varios de sus sentidos con una sensación pacífica que le hizo olvidar lo que pasó anteriormente. Se internaron entre los numerosos arbustos que formaban un laberinto que parecía caído del cielo con un arcoiris. El aroma de las flores se mezclaba perfectamente formando un perfume primordial que hacía una hermosa sinfonía con los colores. Los lirios, las rosas y los jazmines hacían sonreír a su profesora. Elfi la guiaba de la mano sin soltarla. Las mariposas y los pájaros volaban con lo que parecía ser cierta coordinación. Un colibrí voló por encima de su cabeza y un picaflor se alimentaba alegremente con un lirio.

Su profesora pasaba rápida pero cuidadosamente para no tocar ninguna flor sin querer, y Elise intentaba imitarla sin mucho éxito, pues estaba siendo guiada de la mano y con cierto apuro. Elise finalmente dijo:

—Profesora, puedo seguirla sin ir de la mano, no es problema.

—No quiero que te pierdas.—dijo sin mirarla.

—...Está bien.

Elfi se detuvo cuando llegaron a un árbol particular que llamó poderosamente la atención de Elise. Parecía un roble, pero en vez de tener hojas. tenía varios ejemplares de las flores que poblaban aquel jardín. Incluso si algunas ramas no tenían flores completas, al menos tenían pétalos mixtos. Elise conocía ese árbol, siempre podía verlo desde su ventana, así que no entendía porque se sentía tan impresionada por lo que veía, era como si fuera algo nuevo, pero a la vez no..

—Mira.—dijo la profesora señalando una de las raíces del árbol. En ella había un dibujo robusto de un corazón tallado

—”Amelie y John”, son los nombres de papá y mamá…

—Sí, según ellos, escribieron esto de adolescentes, al parecer se conocieron a los catorce y todo.

—¿En verdad?

—Sí, es como hubieran estado destinados a estar el uno con el otro, felices.

—Es tan romántico...—dijo Elise palpando la corteza del árbol donde estaba dibujado el corazón.—Me siento algo celosa...

—Yo también, yo también.—Elfi se sentó en una de las raíces.—Me trae algunas memorias…

—¿Tuvo a alguien así?—le preguntó Elise sentándose junto a ella.

—No exactamente, no eramos tan felices, es más, creo que él no sabía que de alguna manera estábamos juntos, pero a la vez me gustaba creer que teníamos algo.—dijo apoyando su cabeza en sus rodillas con cierta melancolía.

—¿A que se refiere?

—Siempre estábamos cerca, pero todos los sacrificios que hacía no eran solo para mi, yo le enseñé cosas y las aprovechó, siempre poniéndose al límite. Era un tipo milagroso y siguió su camino, supongo que fue mi culpa seguir el mío y no decirle lo que sentía.

—…¿Puedo preguntar qué sucedió con él?

—En cierta forma él sigue conmigo, pero ya no es lo mismo. Él cambió, él cambió para ser una persona tan milagrosa y ya no lo reconozco...—Elfi enterró aún más su cabeza en las rodillas.—Y me temo que estoy repitiendo los mismos errores ahora mismo...Se siente mal por necesario que sea.

—...¿Profesora?

—En retrospectiva, creo que en la realidad si lo usé un poco.

—...¿Por qué?

—No puedo decírtelo, pero..si todo sale bien al final, yo...

Se escuchó el sonido de un disparo.

Todo cambió en ese momento. El árbol ya no estaba, solo unos pedazos de corteza podridos tragados por la hierba. Las flores habían desaparecido, en cambio, ahora habían parches y parches de trigo mal cosechado y decadente, un dorado sucio y verdoso llenaba el paisaje. Ya no había pavimento, si no pasto mal cortado lleno de cardos. Elfi había desaparecido. Se había borrado. Dos disparos más se oyeron y un grito ahogado de Jake.

Elise corrió hacia casa.

Se oyeron más disparos.

La plantación de trigo no parecía terminar nunca. Elise lloró y llamó a Elfi a gritos, incluso si estaba completamente segura de que su presencia se había desvanecido. Comenzó a toser violentamente pero siguió corriendo hasta llegar a su casa, sabía lo que encontraría, estaba segura de que no sería nada feliz, pero no podía quedarse parada, no podía huir hacia afuera, ir hacia fuera del terreno solo haría todo peor. Todos los movimientos que hizo para cortar camino y llegar a su casa se sentían familiares, incluso la manera en la que entró embistiendo la puerta aunque no estuviera atascada ni cerrada.

Jake estaba tirado en el suelo, ensangrentado, con agujeros de balas, apenas estaba vivo, y una figura lo estaba pateando repetidamente y con violencia. Era Jake, pero un Jake que nunca había visto, no, nunca lo había visto. Llevaba un abrigo pardo encima de una túnica blanca, gafas circulares y una ligera sonrisa mientras la miraba. Sus ojos tenían un vacío terrorífico.

—Todo se repite, Elise…—dijo Jake, el doctor. Jake el ingeniero gemía del dolor en la alfombra. Sus padres no estaban a la vista, pero Elise prefería no saber, ya no quería nada, solo quería huir, pero afuera era peor.

—¡Jake!—exclamó Elise mientras corría hacia su hermano, que se retorcía del dolor. Las balas no habían logrado matarlo, pero el ardor que sentía en todo su cuerpo le hacía desear estarlo a momentos.

—Puedes detenerlo Elise, tu creaste esto…—dijo Jake el médico.

—¡No…. lo...escuches, Elise, escapa!—articuló Jake el ingeniero tosiendo sangre.

—Va a detenerse…

—¡Huye….Elise!

Jake el doctor dio un tiro rápido hacia su contraparte positiva y finalmente logró que se quedara quieta. Elise retrocedió y gimió aterrada al ver como el arma del Jake doctor estaba dolorosamente fusionada con su mano derecha, como si se hubiese convertido en un hombre máquina extraño. El mango de metal y madera se extendía por su antebrazo mezclandose con sus nervios y huesos. Los dedos se volvieron de una madera ennegrecida y el gatillo estaba sostenido por un solo nervio rojizo de apariencia podrida. Elise sintió arcadas al ver que su ropa estaba adherida a su piel de la misma manera. Se sentía falso, como un muñeco de cera mal hecho.

—Termina...con...esto...—dijo apuntándole a su hermana. Los nervios en el arma latieron y el brazo entero se estremeció.—...Estás cerca.

—¡Mataste a mi hermano, no haré nada de lo que me digas!

Elise quería hacer explotar el pecho de aquel “impostor”, pero algo la detuvo, algo estaba atascando su capacidad de traer un milagro. Agarró un cuchillo de la mesa como arma improvisada y fue retrocediendo.

—Tú no tienes hermano…

—¿¡Que hiciste con mis padres!?

—...¿Qué padres?

—¿¡QUIÉN ERES!?

—Se repite...el mismo día...repites el mismo día...EL MISMO DÍA…

—¡No!

—Quiero salir...Elfi...no me deja...Elfi dice que...no.

Su voz fue perdiendo más y más el tono de Jake y se volvió uno más femenino pero aún más roto y lleno de gallos. Su piel parecía gotear, y algo rosado y amarillento caía sobre la alfombra. La mitad del rostro de Jake era uno triste y con un cabello, largo, muy mal cuidado y pajizo. Eventualmente la otra mitad de su cabeza se desprendió revelando completamente el rostro de la adolescente flaca oculta bajo el deformado cuerpo de Jake el doctor. Elise retrocedió aterrorizada, agarrando su cuchillo de manera torpe, había perdido toda su valentía, el terror que esta figura le hacía sentir era de un nivel que jamás había experimentado. Trató de usar un milagro para hacer desaparecer el horror que se arrastraba hacia ella, no funcionó. Estaba sonriendo, le sonreía. Su brazo con el arma cayó al suelo revelando una mano algo más femenina y demacrada. No había sangre, era como si una capa de arcilla se estuviera disolviendo.

—...Tenemos que volver…Elise

—¡Dejame sola!—gritó lanzándole el cuchillo, pero simplemente rebotó

Rebotó en un vidrio frente a la terrorífica figura

Era un espejo, estaba mirando un espejo.

Se reconoció a sí misma.

Elise chilló, y la medianoche llegó, a las seis horas, comenzó el amanecer.

ELISE ESTABA FELIZ.

20/7/2010

Elise estaba feliz, sus padres le habían dejado para calentar su comida favorita. Miró las hamburguesas con una expresión de asombro y las comió rápidamente, quería saborearlas lentamente pero no aguantaba el hambre.

Papá y mamá estaban cantando felices, siempre lo estuvieron, estaban tan felices que cantaban, cantaban sobre su amor, los pájaros cantaban y hablaban, la elogiaban repetidamente. Le hablaban sobre Jake, le hablaban sobre como era un genio de la ingeniería y enviaría dinero para ellos. Elfi estaba allí, era su profesora de geografía, de matemática, de historia, de todo. Las flores eran bonitas. Ellas hablaban de sueños, hermosos sueños, a veces Elise le contaba sobre Jake, Jake era médico...¡¿O era ingeniero!?. Y luego los tiros, los tiros que siempre terminaban matando a papá y mamá mientras Elfi desaparecía. Ningún día transcurría en sus veinticuatro horas, siempre terminaba igual. Jake el doctor siempre estaba ahí, en todas las fotos, dos Jakes, el ingeniero al frente y el doctor atrás, oculto, pero siempre visible. En las grabaciones familiares también. Sus padres no lo sabían, pero ella sí, habían dos Jakes. Siempre pasaba lo mismo, a las dos menos cuarto todo se arruinaba, todo se rompía y siempre amanecía el mismo día de julio.

Elise quería ser feliz, trataba de ignorarlo, pero comenzó a darse cuenta de la falsedad de todo. Sus ojos perdían poco a poco aquel brillo ámbar que compartía con Elfi. Elfi la trataba de manera más y más indiferente todos los días. Y las grietas, las grietas volvían a aparecer. Todo era falso, Jake el doctor tenía razón, y él estaba allí, siempre, su cadáver, con una cruz roja en el pecho se lo repetía. Un día, la repetición del mismo día de julio, Elise salió hacia el porche sin comer nada, papá y mamá estaban tirados en la mesa, pero no les prestó atención. Ya no había ni trigo, solo hierbajos enormes. Salió desnuda, pues ninguna ropa le quedaba bien a estas alturas. Intentó usar su “talento” una última vez, pero se resignó. Ya no podía cambiar nada, no podía sostener la felicidad que ella misma se generó. Se miró a un espejo, ya no era la pequeña niña rubia con los padres que cantaban y le hacían su comida favorita, era una adolescente flacucha y de desordenado pelo pajizo. Su “talento” la había mantenido hidratada por años, pero ya no se podía más.

Sus ojos eran de un amarillo débil y se mantuvieron así, como un recordatorio de lo que perdió, ya no podía “cuestionar lo real” de nuevo. Cuando entró, sus padres ya no estaban, la realidad, que tanto se había distorsionado en aquel lugar, separando aquella casa del resto del espacio y el tiempo los había puesto en su lugar, y luego el resto de la casa también. La casa ya no entendía a Elise, ya no quería que fuera feliz, como Jake. Todo era culpa de Jake, él destruyó su talento, y quizá se lo robó y todo, quizá estaba creando este mundo miserable para torturarla por ser feliz. Quizá no estaba muerto.

No, no lo estaba, él nunca estuvo allí en primer lugar, pues la llamó Elise, Elise, Elise estaba feliz, Elise disfrutaba ese día repetidas veces. Jake no estuvo allí, Jake no existía en la realidad, el cadáver con la cruz no era Jake, era ella, pero no Elise, ella.

Subió a su cuarto para encontrar a Elise, para despedirse. La realidad ya no la quería allí. Ascendió dolorosamente por las las escaleras y lo vio ni bien pasó por el arco de la puerta, el cuaderno del que le había hablado a Elfi. Era un diario, y el nombre de la dueña era Mary Huntington, pero el diario no hablaba de ella, hablaba de una niña llamada Elise.

Con letras infantiles se describían las alegres aventuras de la niña ideal, con padres perfectos y un hermano no tan bueno como ella, del que no estaba orgulloso. Mary sonrió débilmente al leer, aún podía leer su letra, aún podía acceder a Elise en sus últimos momentos, incluso si la historia cambiaba constantemente. Rompió a llorar a la tercera página y sus irises se fueron haciendo más y más grises. Elfi estaba a su lado, estaba borrosa, ella también desaparecería dentro de poco, pues necesitaba el “talento” de Mary para manifestarse en este mundo. Ella le había enseñado todo, la creación de los milagros, como cuestionar su realidad, y ahora la miraba con una seriedad algo forzada, había un dejo triste en su mirada. Mary leyó la página donde hablaba de ella, era una aparte, de un color más blanco, escrita por Mary, sin fingir que era Elise:

“En el funeral de mis padres conocí a una chica muy buena, se llama Elfi, dijo que podía ayudarme, dijo que podía traer a mamá y papá devuelta y que podíamos ser felices, siempre felices, y que nunca estaría triste de nuevo, nunca, nunca más. Me enseñó sobre milagros, podía cambiar las cosas, hacer que las flores muertas tuvieran colores lindos de nuevo, curarme cuando estoy enferma e incluso alimentarme de las cosas más deliciosas sin mamá regañandome. Costó un poco al principio, luego de que papá y mamá aparecían, a veces no volvían, y las horribles grietas en la pared regresaban. Pero aprendí a mantener los milagros bonitos...¡Puedo cambiar mi mundo! Aún no me acostumbro a como se ven mis ojos...pero todos están de vuelta, todos están felices, todos están felices con Elise en casa, Mary no tiene padres, pero Elise sí.”

Elfi no hizo más comentario que mirar a su reloj, cabizbaja, y decir:

—El ciclo se ha completado.

El tiempo y el espacio se volvieron a alinear en aquella casa.



29/10/2015

Con un destello violáceo, Elfi, o mejor dicho Elfiede, desapareció. Mary había perdido toda su capacidad para cambiar las cosas, su talento se había desvanecido, y pudo sentir que se hacía más ligera. El diario cayó al suelo y varias hojas amarillentas se esparcieron con una brisa que levantó el polvo del sucio suelo. Mary también cayó, pero no tocó el suelo, para ese entonces, ella ya no existía.

Fin.


















































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