2 - Charlie y la fábrica de chocolate - Roal Dahl (Reseña)

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Willy Wonka, fabricante de chocolate, enemigo de los gremios, bioterrorista y científico de cohetes.

Roal Dahl siempre fue un tipo que me llamó la atención en el terreno de lo que es escritura para niños. Cualquiera que leyera Matilda, James y el durazno gigante o Las brujas, sabe que el tipo le da un toque oscuro a todo lo que hace (pregúntenle al traumatizado Lucio de cuatro años que vio la adaptación cinematográfica de las dos primeras obras para saber que tan oscuro puede ser el tipo.) pero con sus toques de humor para no traumatizar a los pobres infantes dando vuelta las páginas.

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¡Esta cosa es una de las criaturas más aterradoras para un nene de cuatro años creciendo a finales de los noventa y no voy a dejar que nadie me diga lo contrario!


Una de sus obras, Charlie y la fábrica de chocolate, siempre me llamó la atención desde chico; primero, como muchos, vi la adaptación de Tim Burton que no tiene mucha fama de ser buena, pero no la veo desde los once así que prefiero no opinar, solo diré que Johnny Depp no es mi primera elección para interpretar a Willy Wonka luego de leer este libro. Ya cuando tenía catorce, estaba viendo Nick at Nite cuando tenía que levantarme al otro día para un escrito de matemática (que claramente no iba aprobar.) y estaban dando la película vieja que se estrenó en 1971, "Willy Wonka y la fábrica de chocolate", que me atrapó bastante con sus escenas musicales, la atmósfera bizarra de la fábrica y el gran Gene Wilder interpretando a Willy Wonka. 

En mi memoria quedaría grabada la famosa escena del barco avanzando por el túnel, flotando en un río de chocolate, mientras Wonka recita un poema que hasta el día de hoy me pregunto que clase de significado oculto tenía. No recuerdo que me pareciera excelente, pero si lo suficientemente memorable como para que visitara algunas de sus escenas años después.






Hace dos semanas estaba escribiendo un cuento para un concurso de ITAU (el cual no mandé por que no encontré manera de condensarlo en 7500 caracteres sin hacerlo más mediocre de lo que ya es) y necesitaba la clásica letra de canción o algún poema para poner antes del inicio del cuento en un intento de hacer parecer mi cuento algo sofisticado. Lo primero que se me vino a la cabeza fue la escena del bote, por alguna razón mi cerebro pensó que pegaba muy bien con la temática de como todo se va al reverendo carajo en el mundo, que el cuento intenta expresar de manera no muy sutil.


Ese pensamiento me dio la motivación de leer el libro original cuando terminara Ender's Game...y eso fue exactamente lo que hice al averiguar que no tenía muchas páginas (¡Que viva la pereza!) Ya tenía una buena imagen de Roal Dahl, como dije antes, así que se volvió, por dos días, mi libro de omnibus. Voy a usar imágenes de la película para rellenar un poco mientras analizo un eje temático que vi en la novela y resumiré mi opinión de los aspectos positivos y negativos más al final por que ya sería muy largo.

 
¿Quién no querría un caramelo infinito?

Charlie y la fábrica de chocolate nos cuenta la historia de Charlie Bucket (O Carlos Balde, como le digo yo), un niño pobre de Inglaterra que vive con sus padres y sus abuelos (tanto paternos como maternos). La vida es difícil para este niño y su familia, pues su padre, que trabaja poniéndole los tapones a las pastas dentales en una fábrica, no gana mucho, su madre no tiene trabajo y sus abuelos viven recostados en una enorme cama mientras el resto duermen en colchones tirados en el suelo, luchando contra la temible opresión del invierno (y de un gobierno que no los quiere). Una de las pocas alegrías que Charlie tiene en su vida es el hecho de que en su cumpleaños se le regala una tableta de chocolate Wonka, una casi venerada golosina que trata de administrar por más de un mes comiendo trozos pequeños cada día, y si es posible, compartiéndola con su humilde familia.  


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Ya me dio hambre...


De no ser por la presencia de estas anuales tabletas de chocolate, la familia solo comería galletas, pan y una cantidad muy poco sana de sopa de repollo, así que es seguro afirmar que a pesar del amor que se tienen y su unión familiar, la vida no es muy placentera para ellos. Casi como un ángel descendiendo del cielo, se nos presenta en forma de anécdotas del abuelo Joe al señor Willy Wonka, el dueño de una misteriosa fábrica de chocolate que opera sin abrir nunca sus puertas al público o a empleados, pero que aún así entrega chocolate a todos los rincones del mundo infaliblemente. 

El abuelo Joe nos cuenta como el misterioso fabricante despidió a todos sus empleados por miedo a espías, simplemente les dijo "¡Discúlpenme, pero no puedo tener trabajadores si hay espías, vuelvan a sus casas!" y dejó su fábrica inactiva. 

Probablemente estés pensando que esto haría que le lluevan protestas (y con muy buenas razones) de cualquier organización de trabajadores con dos dedos de frente, pero esto no sucede, son despedidos, y la vida sigue tranquilamente mientras se mueren de hambre como Charlie (aunque quizá sea algo de la época). Sin embargo, la mística fábrica comenzó a funcionar de nuevo, esparciendo el tentador aroma del cacao en las mentes de cualquiera viviendo cerca y entregando una noticia que daría vueltas por el mundo: Willy Wonka ocultó cinco tickets dorados en cinco de sus tabletas de chocolate y quien encuentre uno de estos, se ganará un tour por su fábrica junto con el resto de los ganadores y una dotación vitalicia de cualquier tipo de caramelo de marca Wonka.

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Uno de ellos no es como el resto (8)

Poco a poco, se van descubriendo los ganadores, y estos son: Veruca Salt, una niña rica y caprichosa cuyo padre y madre compraron camiones y camiones de chocolate Wonka para sacar el billete dorado; Mike Teeavee, un niño obsesionado con mirar la TV el mayor tiempo posible; Violet Beauregarde, una pequeña adicta a mascar chicle a puntos que rosan en lo clínico y Augustus Gloop, un muchacho gordito cuya única motivación aparente en la vida es comer. Todos son presentados como errores vivientes por la narración de Dahl, y los abuelos de Charlie (especialmente el abuelo Joe) no tienen tapujos en expresar las mismas ideas que el autor, remarcando una cantidad perturbadora de veces que los niños merecen ser golpeados por ser tan malcriados. A veces tengo que recordarme a mi mismo que me busco este tipo de cosas leyendo novelas para niños de los años 60, pero nunca aprendo.

Pasa un largo tiempo sin que nadie encuentre el ticket dorado, hasta que Charlie, famélico luego de que su padre quedara sin trabajo, lo encuentra al comprar una barra de chocolate con dinero que encuentra tirado en la calle. Al mostrar esto en casa, decide ir con el abuelo Joe (quien tiene a Wonka en un rango similar a un dios sumerio si sus diálogos son una buena indicación) a visitar la fábrica e internarse en el místico mundo de Willy Wonka, donde no todos saldrán como entraron...


(SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ)

Ejem.

Esta novela es bastante interesante, pero creo que no es del todo adecuada para niños si se analiza su extraña temática a fondo. Se nos presenta a este grupo de niños retratados de manera sumamente negativa (excepto por Charlie) y a sus padres que no resultan ser demasiado distintos, y como son castigados por la bizarra maquinaria de ciencia ficción de la fábrica, que podría ser un personaje por si solo. Cuando Dahl creó a Augustus, Veruca, Violet y Mike, no creó personajes, creó estereotipos que el encontraba desagradables en niños (y adultos) de la época y los retrató como los perdedores en un recorrido por un reino de fantasía que prueba sus tentaciones más grandes y sus caprichos.

Cada niño que no se llama Charlie Buckett termina teniendo un destino poco agradable y en algunos casos, con consecuencias irreversibles que afectarán toda su vida. Por ejemplo, Mike es reducido al tamaño de una goma de borrar por un misterioso aparato de teletransportación de chocolate que parecía diseñado exactamente para tentarlo; la única cura de su nueva aflicción es estirarlo a puntos poco naturales y darle vitaminas Wonka que recorren todo el alfabeto. 

Violet, en cambio, es tentada por un chicle con variados sabores diseñado para que la humanidad no tenga que comer nunca más (supongo que Wonka quería colapsar la economía mundial como proyecto secundario), el cual hace que se hinche violentamente y termine del color de un arándano; solo su hinchazón pudo ser curada. 

Veruca y Augustus también sufren el horrible destino de ser absorbidos por los laberínticos sistemas de tuberías de la fábrica al intentar tomar el chocolate de un río y reclamar una trabajadora ardilla (tiene sentido en contexto) respectivamente; incluso la vida de Veruca es puesta en duda, pues cae por el conducto de la basura, que está conectado con un incinerador (y la única esperanza que Wonka puede dar a los preocupados padres es "¡Y no se, mirá, capaz que el incinerador no está prendido!")


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Cada vez que un niño es removido del grupo, los Oompa Loompa cantan una canción sumamente cruel atacando los defectos del pequeño (y los de sus padres, en ocasiones) que encontró su final y canalizando lo que parecen ser ciertas visiones de Dahl sobre la tele, niños codiciosos, malcriados o caprichosos y la adicción al chicle. Lo gracioso es que estos cantos casi indígenas ocurren exactamente después de la pérdida, como si...

...¡Como si Wonka lo hubiese planeado! Quizá estoy viendo mucho donde no hay, pero se me ocurre que el tipo armó el tour de acuerdo a las características de sus invitados para "probarlos", no es coincidencia que en varios momentos del recorrido parece estar apurado y les dice que no se detengan en ciertas puertas y que no le hagan preguntas, pero cuando llegan a las que él desea, no parece tener tanta prisa. El recorrido en su reino de fantasía, casi una dimensión separado del cruel y perpetuamente invernal mundo exterior, se hace como ÉL quiere y ÉL es el eterno juez con su hegemonía absoluta sobre el concepto de "pureza moral",  mientras actúa como si todo fuera accidental. 

Los Oompa Loompa, atrapados como trabajadores en aquel paraíso de maquinaria, lo único que hacen es repetir los mandamientos de su líder, un hombre encerrado en su mundo ideal donde los caramelos pueden ser infinitos y descubrimientos científicos que hasta esta época no se han podido lograr son algo que ocurre todos los días. Se nos dice que Wonka salvó a los pobres Oompa Loompa de una vida horrible en África comiendo orugas mediante un sistema de pago basado en semillas de Cacao para que trabajen en su fábrica, donde PARECEN estar felices. 

Ésta es una narrativa del "salvador blanco" (White savior en inglés), una herramienta de la trama (que no se si sea intencional o no) para dar un mensaje en contra del racismo y a la vez elevar a un personaje blanco a un rango elevado en la escala moral frente a los oprimidos. Es posible que el señor Wonka tuviera buenas intenciones y realmente quisiera salvar a estos pobres "pigmeos" de su extinción, pero no es un tipo con el mejor historial. Esto lo leí en otro lado, pero justamente una de las tácticas deshonestas que tenía la gente con esclavos para hacerle creer a terceros que los pobres hombres sin libertad eran felices, era señalar que cantaban canciones.

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Señor Wonka, quiero bajarme del barco...

Una parte de mi no puede evitar comparar esto con ciertas concepciones de la fe cristiana sobre como Dios (mientras vivimos nuestras existencias terrenales) nos pone a prueba bajo su absoluto y dogmático código moral que debemos seguir con éxito para ascender con aquellos dignos de su aprobación. Wonka se hizo dios de su mundo personal, una fábrica cerrada donde él puede decidir quien sigue avanzando, modelada bajo los sueños de los niños, sueños alimentados por años y años de publicidad, saturación mediática y repletos de secretos que no pueden ser robados por espías, pues harían descender ese paraíso a la tierra. Solo aquellos con los valores adecuados pueden estar al nivel de Wonka, el Atziluth de este mundo gris.

Al final del libro, solo Charlie queda, y se le recompensa con la fábrica entera, al ser un niño frustrantemente puro que no cometió los errores de sus compañeros de tour, se le regala la fábrica no por tener un perfil adecuado para la administración, si no por que un adulto jamás escucharía a Wonka, Charlie sí, es un niño inocente, Charlie puede ser moldeado para seguir las morales de Wonka y repetir sus mismas acciones. Imaginate si Veruca, Violet, Mike o Augustus hubieran ganado la fábrica, probablemente se hubiesen opuesto a varios mandatos de Willy, no son un lienzo blanco como Charlie. Y esto de alguien aprendiendo sin resistencia no me lo estoy inventando, es algo que Wonka mismo dice textualmente.

Creo que al final del día, desde mi humilde interpretación, esta novela es un medio por el que Roal Dahl expresó sus frustraciones respecto a como la sociedad comenzó a moverse en un mundo post-guerra, con la aparición de la televisión como algo más común, el siempre gradual descenso de la cantidad gente dedicando su tiempo a libros, los padres incapaces de poner límites y demás elementos que hasta el día de hoy siguen resonando en nuestras mentes. Estés de acuerdo o no (yo no se que pensar, honestamente), es un trabajo en el que su autor puso mucho de si mismo, mostrando quizá una visión de quien consideraba "los merecedores" de ganar en la gran fábrica de chocolate que es la vida (eso sonó horrible, mátenme).

LO BUENO DE LA NOVELA:

*Se lee rápido, pues la narración tiene un tono agradable y humorístico que da vida al bizarro mundo de la fábrica de chocolate.
*Nunca se explica mucho del origen de Wonka y como armó tal imperio, dándole un toque efectivamente misterioso al personaje.
*La idea detrás del argumento tiene mucho potencial. 
*Roal Dahl sabe como hacer cada invención de Wonka más fantástica (y peligrosa) que la anterior, manteniendo un ritmo que no se siente para nada lento y te deja preguntándote que puede ser lo siguiente.
* Wonka es tan sorete que da gracia a veces.


LO MALO DE LA NOVELA:

*Todos los personajes excepto Wonka son horriblemente unidimensionales al punto de que me cuesta atribuirles ese término.
*No se si sea el cuento más adecuado para leerle a un niño, al menos no sin una buena cantidad de explicaciones.
*La admiración ciega que tienen Charlie y su abuelo Joe por Wonka es irritante.
*En ningún momento ningún personaje parece cuestionarse si es buena idea seguir con el tour luego de las "tragedias" que ocurren.
*Alusiones muy constantes a la violencia contra niños que se portan mal, estoy consciente de que era otra época, pero choca un poco.
*Me dio mucha hambre leerlo (?)




Comentarios

  1. Buenas! a mi tampoco me pareció para niños, yo creo que el escritor en la guerra vio algo y de ahi se inspiró xd, los Oompla loompa son re aliens; Matlida es Carrie, y no leí más, pero dan miedo. Este parecía un capítulo de X Files jajaja
    me gustó la reseña, te explicaste re bien. y bastante cómica
    el libro se lee rápido, y fue el primero que leí este año. yo lo quería terminar para no tener que leerlo más, a mi hermana chica le encantó jajaja
    Hay segunda parte de este libro, pero no se si lo lea
    saludos!

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  2. ¡Hola, Lució! Me gusto cómo explicaste varios puntos de la novela. No he leído nada de Ronald Dahl, capaz me lanzo a leerlo para ver que tal.
    ¡Saludos!

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    Respuestas
    1. ¡Gracias, Stephanie! Dahl tiene un buen catálogo y son cortitos así que son fáciles de agarrar, este me tomó dos viajes de bondi.

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  3. Hola :)
    Admito que sólo conozco la historia a través de las películas y en especial me gusta mucho la de Tim Burton por la estética, pero las novelas siempre son mejores :)

    Leyendo tu reseña me dieron muchísimas ganas de leerla además de haber tenido el placer de leer tus interpretaciones, realmente muy interesantes y que hacen que este libro infantil me llame más la atención.

    Muchas gracias por la recomendación, saludos.

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